Hay algunos cristianos que creen que no sólo tienen la autoridad para reprender al diablo, sino que también deben estar dedicados al ministerio de reprenderlo continuamente. No hay ninguna base bíblica para tal creencia. A diferencia de Dios, Satanás no es omnipresente. Sólo puede estar en un lugar a la vez, y la probabilidad de acosar personalmente a cristianos individuales es minúscula. Por supuesto, Satanás tiene legiones de demonios que hacen su voluntad, y están por todos lados tratando de destruir los testimonios de los fieles. Cabe señalar aquí que el cristiano no puede ser poseído por un demonio de la misma manera que se describe a la gente siendo poseída en la Biblia.

Como cristianos, debemos ser conscientes de la realidad de la presencia del mal. Mientras nos esforzamos por mantenernos firmes en nuestra fe, debemos darnos cuenta que nuestros enemigos no son meramente ideas humanas, sino las fuerzas reales que provienen de los poderes de las tinieblas. La Biblia dice, «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Efesios 6:12).

Claramente, Dios ha permitido a Satanás cantidades significativas de poder e influencia sobre la tierra, al menos por ahora, y siempre dentro del control soberano de Dios. La Biblia nos dice que Satanás anda alrededor como león en busca de presas, buscando víctimas para devorar (1 Pedro 5:8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; ). Satanás es el poder obrando en los corazones de aquellos que se niegan a obedecer a Dios (Efesios 2:2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia). Quien no esté bajo el control del Dios soberano está bajo el control del diablo (Hechos 26:18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. ; 2 Corintios 4:4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios). Los cristianos renacidos ya no son esclavos de Satanás o del pecado (Romanos 6:6-7 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado), pero esto no significa que somos inmunes a las tentaciones que él pone delante de nosotros.

La Biblia no da autoridad a los cristianos para reprender al diablo, sino para resistirlo. Santiago 4:7 dice, «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. Zacarías 3:2 nos dice que es el Señor quien reprende a Satanás. Incluso Miguel, uno de los más poderosos de los ángeles, no se atrevió a acusar a Satanás, sino que más bien dijo, «El Señor te reprenda» (Judas 1:9). En respuesta a los ataques de Satanás, un cristiano debe apelar a Cristo. En lugar de enfocarnos en derrotar al diablo, debemos centrarnos en seguir a Cristo (Hebreos 12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios) y confiar que Él derrotará a las fuerzas del mal.

No es necesario para un cristiano reprender a Satanás porque Dios nos ha dado Su armadura para luchar contra el mal (véase Efesios 6:10-18). Las armas más eficaces que tenemos contra el diablo son nuestra fe, sabiduría y conocimiento acerca de Dios y Su Palabra. Cristo, cuando tentado por Satanás, le respondió con la Escritura (ver a Mateo 4:1-11). Para obtener la victoria en asuntos espirituales, debemos mantener una conciencia limpia y tener control sobre nuestros pensamientos. “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:3-5).

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